SOBRE LOS BLOGS
Marzo 1, 2008 por manoloprofe
REPRODUZC) ESTE POST DE ARTURO PÉREZ FRAGOSO, DE SU BLOG “SOMBRERO DE CUATRO PEDRADAS”, DE MILENIO.COM
Un blog enrevesado
También reconozco mantener a la fecha una visión y actitud troquelada en el ejercicio periodístico dentro de los medios impresos, el cual difiere —en algunas cosas radicalmente— con las tendencias predominantes en el ámbito cibernético. Baste señalar que, a la fecha, me cuesta trabajo dejar de concebir este espacio como una columna, y sigo empeñado en llamarles artículos a los textos que puntualmente subo semanalmente, otra manía disciplinaria adquirida desde los tiempos que los redactaba en máquina de escribir mecánica.
La motivación de estas reflexiones proviene de la lectura de “Blogs”, ensayo firmado por Sarah Boxer, columnista de The New York Times, y reproducido en el suplemento cultural confabulario, del periódico El Universal (16/02/08), donde además de intentar definir algunas coordenadas de este medio de comunicación que tomó por sorpresa al mundo, señala el impactante dato de la existencia en la red de 27 millones de blogs contabilizados en 2006, disparada al año siguiente a 100 millones, de los cuales 15 millones permanecen activos.
Entre otras cosas, menciona los problemas a los que se enfrentan los desconcertados periodistas que incursionan en un blog, al elaborar, al igual que en sus textos tradicionales firmados con su nombre, argumentos metódicos, al tiempo de brindar contextos y antecedentes. “Adivinen qué”, anuncia Boxer con sarcasmo: “se leen como periodistas, no como bloggers”.
Más adelante señala:
“Tener un blog con toda la libertad es como asistir a un baile de disfraces. Puedes decir todas las cosas rencorosas, infantiles que no se te ocurriría decir en una publicación o si estuvieras cara a cara con otro ser humano. Puedes coquetear con cualquiera, o intentarlo. Puedes decirle al presidente exactamente lo que opinas de él. Puedes dar opiniones políticas que tus amigos despreciarían. Incluso puedes difamar a personas que no te gustan y ocultarte detrás de un seudónimo.”
Bajo esta lógica, el pecado de origen de este blog es la identificación plena de su titular y su empeño por redactar posts (esforcémonos por llamarse así a partir de ahora) como si fueran artículos periodísticos, en contraposición con el anonimato, espontaneidad e, incluso, visceralidad del grueso de las intervenciones de sus participantes —conste que no lo señalo como queja—, situación que le ha dado una dinámica distorsionada a este espacio que, entre otras cosas, ahuyenta la subida de comentarios por parte de jóvenes usuarios scouts, aunque no dudo ni tantito que nos sigan puntualmente, divertidísimos de leer las sandeces luego aquí escritas.
Bien lo dijo Gerardo Ortega, mi cuate regio que me embarcó en este proyecto cibernético: bienvenido al bajo mundo de los blogs. No puedo negarlo, uno va agarrándole el gusto.
Llamadas de silbato
Lo que se encuentra en los buscadores: recientemente, en Estados Unidos, una par de vivales estafó a un grupo de girl scouts que vendían galletitas —existen más allá de las caricaturas— al pagarles con un billete falso de 100 dólares, recibiendo 93 dólares con 50 centavos de cambió, mismos que representaban las ganancias del día de las esforzadas e ingenuas chamacas. Mi primera reacción al leer la nota, fue exclamar ¡qué ojéis! Aunque cabe aclarar que una apiadada persona terminó por donarles la cantidad esquilmada para financiar sus actividades… Ni modo, lo anuncié aquí mismo en días pasados: luego de los incidentes de suplantación de identidades (¡encubiertas, pa’colmo!) para insultar y difamar a terceras personas en este blog, acordé con los encargados de Milenio la supresión, a partir de ahora, de dicha clase de comentarios. Este espacio continúa abierto para todos los que quieran participar, con opiniones que, por supuesto, no tienen por qué coincidir con las de un servidor. Podemos seguir discutiendo y peleándonos sin ningún problema, pero metiendo argumentos por delante, cosa que no debe representarle problema a quien le funcionen un mínimo de dos neuronas.