CONVERSACIÓN CON EL NUEVO P. GENERAL DE LOS JESUITAS
Marzo 6, 2008 por manoloprofe
Trascripción de una conversación del Padre General con Tom Rochford, Pierre Bélanger y Dani Villanueva, equipo de comunicación de la Congregación General 35, el domingo 10 de febrero de 2008.
El P. Adolfo Nicolás S.J. fue nombrado General de los Jesuitas.
El texto llegó gracias a Rómulo Franco. He recortado algunos pasajes, no porque no sean interesantes, sino para ocupar menos espacio. Aún así, la publicación se hará en tres partes.
Háblenos acerca de su familia, en lo que sea relevante para entender quién es usted, y quizá, lo primero de todo, entender su vocación.
Efectivamente, pienso que mi niñez tiene mucho que ver con quién soy hoy. Nací en Palencia en Abril del 1936, inmediatamente antes de la Guerra Civil española. En aquellos años había conflictos y confusión en el país. Se estaban formando bandos y mi padre era una persona influyente en mi pueblo. Mi familia mantenía posiciones católicas muy definidas y mi padre recibió amenazas desde una aldea vecina. Su hermano le avisó “esta noche van a por ti,” y justo antes de nacer yo, mi padre tuvo que escapar. Desde aquel momento empezaron los continuos traslados.
Mi niñez ha estado marcada por los desplazamientos. Nos movíamos de una a otra ciudad siguiendo los destinos de mi padre. Mi hermano nació en Santander, y luego hemos vivido en Lugo, Coruña y finalmente en Barcelona, donde me crié realmente de los 4 a los 13 años. Mi estancia en esta ciudad y el hecho de estar siempre en movimiento me han influido mucho. Como dato, os diré que antes de llegar a la universidad he estado en siete colegios distintos. Para un niño esto es una experiencia muy dura, hacer amigos y dejarlos una y otra vez… Al final resultó ser una bendición. En Japón cada seis meses me movía de una comunidad a otra, y es cuando mi experiencia de juventud se transformó en habilidad en el encuentro con nueva gente, creación de contactos, etc. Esto es muy importante para la vida de un misionero.
———————————————————————————–
A pesar de haber vivido más tarde en ciudades como Barcelona y Madrid, la sencillez de mi pueblo siempre ha sido clave para mí: los cielos abiertos de Castilla, los anchos horizontes… Hay algo que me llama y me motiva en esos cielos. Mi hermano mayor ha escrito un poema titulado “Castilla,” donde describe cómo os caminos van hacia el cielo. En Castilla abundan los místicos, yo creo que debe ser por los cielos abiertos y esos amplios horizontes.
Hace años, en Japón, escribí un libro sobre la vida religiosa titulado “El horizonte de la esperanza.” Me sorprendió mucho la portada que le pusieron. Para mí el horizonte era como los de mi juventud: de gran amplitud, donde puedes ver largas distancias. Pero en Japón pusieron una foto en la que la vista sólo llegaba a un grupo de árboles en primer plano. Este es el tipo de horizonte que tienen allí, sin espacio para ver a grandes distancias, con algo siempre delante de tus ojos. Ahí empecé a darme cuenta de las distintas perspectivas.
También añadiría que Castilla para mí no significa sólo amplios horizontes, sino también franqueza, hablar directamente. No me gusta ir con cosas ocultas o medias palabras. Prefiero claramente el lenguaje directo. Japón me ha hecho gentil, respetuoso, pero siempre claro, de frente, sin ocultar asuntos o dar demasiados rodeos.
———————————————————————————
También puedo añadir algo de la influencia de mis hermanos. Somos cuatro varones y yo soy el tercero. La relación entre nosotros es muy estrecha, pese a ser muy distintos. El primero es un intelectual, un filósofo, y vive en Estados Unidos. El segundo es un empleado de banco, con los pies en la tierra, un hombre de gran sentido común, directo, muy bueno y honesto. El último es el audaz, el intrépido, alguien lleno de ideas e imaginación. El es psicólogo, profesor, y mucho más.
Mis hermanos me han influido mucho. Mi hermano mayor, el más intelectual, a menudo me ha ayudado, por ejemplo dándome muchas pistas cuando empecé a dar clases. Él fue quien me introdujo en el mundo del simbolismo, el lenguaje simbólico, Paul Ricoeur, etc… y ha sido de mucha ayuda cuando empecé a enseñar escatología.
¿Cómo puedes explicar escatología si no es de una forma simbólica?
El resto de mis hermanos me han ayudado mucho a tener los pies en la tierra. Mi segundo hermano y sus hijos también. Ellos conocen bien la vida real y son grandes trabajadores. Cuando han pasado por momentos malos en España, esto ha sido una gran lección para mí. Por ejemplo, me han hecho reacio a usar un lenguaje muy espiritualista al hablar de la vida religiosa. Cuando hablamos de pobreza, o de estilo de vida, etc… mi familia me aterriza constantemente preguntando “¿qué es lo que realmente quieres decir?” Así que no puedo sencillamente espiritualizar algo que ha de comenzar con la realidad concreta. Estoy muy agradecido a este tipo de trasfondo que me ha sido dado a través de mi familia. Esto me ha hecho alguien realista, aterrizado, me mantiene ligado a la realidad. Cuando hablo, a veces puedo “volar” por cinco minutos, pero debo luego volver a tierra. Si no es así, me siento extraño.
—————————————————————————————
Todo esto le llevó a la Compañía de Jesús. ¿Cómo fue su vocación de jesuita y de misionero dentro de la Compañía de Jesús?
Hay una cosa de la que cada vez estoy más convencido: la historia y la realidad son más fuertes que las ideas. Y la historia nos fuerza a cambiar, a abrirnos, a evolucionar, etc. En mi caso diría que me ocurrieron cosas providenciales. Al principio, en Barcelona, no conocía a los jesuitas, pero mi hermano mayor contactó con ellos y acabó entrando en la Compañía (provincia Tarraconense). Fue a la India y enfermó. Tuvo una crisis mientras estudiaba filosofía y dejó la Compañía. Pero esto fue lo que me hizo entrar en contacto con los Jesuitas. Yo estaba pensando en hacerme Hermano porque iba a una colegio de los Hermanos de La Salle y me gustaba la educación, cómo nos trataban,
su simpatía y demás… ¡Pero mi hermano entró en contacto con los jesuitas y aquello distrajo mi atención de los Hermanos! Y como la Compañía también se dedicaba a la educación, me puse en contacto con ellos.
Al poco tiempo mis padres se trasladaron a Madrid y yo pude ir al colegio de los jesuitas allí. Mi atención se centró en los jesuitas. Al final del bachillerato, durante un retiro, decidí que hacerme jesuita era lo mejor para mi vida.
Sobre el Japón, la providencia y la historia se mezclan de nuevo. Nunca me presenté voluntario para el Japón y no sabía demasiado sobre este país. Cuando estaba en el juniorado el entonces Padre General Janssens escribió una carta a toda la Compañía pidiendo voluntarios para muchos sitios. Escribió: “se nos pide gente desde diversas partes del mundo así que, los que sintáis la llamada, por favor ofreceros.” Yo pensé: necesitan ayuda y soy jesuita. Me parecía obvio que ser jesuita era una vocación universal y por lo tanto no era un jesuita para España sino alguien dispuesto a ir a cualquier parte. Así que me ofrecí diciendo: “Usted necesita gente, yo soy uno de ellos.
Si puedo ser de ayuda en algún sitio, iré.” Escribí aquello al principio de los estudios de filosofía. Hay que decir que mi provincial no estaba muy contento porque el tenía otros proyectos para mí: ya me había designado para estudiar dos años de filosofía y luego estudiar matemáticas para ser profesor en Madrid. Al cabo de un mes me llamó y me dijo “usted ha escrito al Padre General ofreciéndose para las misiones, pero aún está a tiempo de decir que no.” Yo le contesté: “Me he ofrecido e iré.” Me preguntó: “¿Qué tal le parece Japón?” Yo contesté: “Bien.”
Fue todo un reto. Al abandonar su despacho pensé: “Japón… ¡eso quiere decir que me voy a tener que pasar la vida estudiando!” La imagen que yo tenía de Japón era de una cultura muy elevada, una lengua difícil, etc. Y creo que estaba en lo cierto. ¡He tenido que estudiar toda mi vida!
Así que cambió todo. Acabé la filosofía y orienté el resto de mi formación hacia el Japón. Creo que no fue fortuito. Es una de esas cosas que pasan en la historia pero que a posteriori se puede decir que fue la mejor elección. Si yo hubiera tenido que escoger el lugar donde ser misionero hubiera escogido América Latina, África u otros lugares donde había más necesidades visibles, pero pensándolo bien fue la mejor elección porque desde el principio me pareció que Japón y yo encajábamos muy bien. Me sentí en casa con el japonés y la forma de ser de los japoneses. Yo no soy el típico español espontáneo, explosivo y todo eso. Soy una persona tranquila. Este modo de ser iba muy bien en Japón y me encontré muy a gusto en todo momento.
CONTINUARÁ