IIPARTE. CONVERSACIÓN CON EL P. GENERAL DE LOS JESUITAS
Marzo 7, 2008 por manoloprofe
LA SEGUNDA PARTE DE ESTA CONVERSACIÓN QUE TIENE TRES ENTREGAS.
Cuando usted fue elegido General, uno de los principales aspectos que se
mencionó fue el hecho que usted había vivido muchos años en Asia. ¿Podría decirnos si después de tantos años en Asia, usted se siente más asiático que europeo?
Me he preguntado lo mismo algunas veces. Una respuesta honesta, pienso, sería decir que no soy ni asiático ni europeo. Ni uno ni lo otro. En Asia, estoy convencido, no soy un asiático y nunca podré reclamar ser un asiático. Ser algo significa adentrarse verdaderamente en nuestro ser. Pero en Europa, soy consciente de que tampoco soy europeo. Esto no es sólo porque me haya movido y vivido mucho tiempo en otro lugar, o porque no haya seguido de cerca las cosas que iban pasando en España y en Europa, sino especialmente porque siento que he cambiado en mi manera de sentir y de percibir el mundo.
Hace un par de semanas dije a la prensa que me considero una persona en proceso. Entonces, ¿quién soy? Soy alguien quien se va re-haciendo constantemente. Y, espero seguir creciendo porque siento que siempre estoy aprendiendo algo nuevo. En Japón aprendí de los japoneses; en Corea, de los coreanos; en Filipinas, de los filipinos; y así sucesivamente. Considero que mi identidad es ser libre, y yo me siento un ser libre.
He visto a otros en Asia – otros europeos por cierto – teniendo dificultades con su identidad. Esto nunca ha sido un problema para mí porque yo no doy mucha importancia al hecho de ser español, francés o japonés. Yo soy quien soy. Mi identidad está definida por la comunicación con la gente, por la manera como asumo las cosas. Entonces, me siento cómodo volviendo a Roma tanto como lo estuve en Filipinas y en Japón. Sé que nunca seré romano como sé que nunca seré completamente japonés. No puedo decir a los japoneses: “miren, ¡yo conozco Japón!” No. No importa cuanto tiempo vivas allá, hay profundidades que nunca alcanzarás. Por tanto, me siento cómodo siendo solamente un ser en constante cambio, en proceso; y espero continuar aprendiendo y creciendo.
Cuéntenos sobre su experiencia en Japón con los inmigrantes. Al terminar su periodo como Provincial del Japón usted decidió hacer algo con una mayor orientación social. ¿Cómo ha vivido esta orientación a la justicia social que ha sido tan importante para la Compañía de Jesús desde algún tiempo atrás?
Siempre he estado interesado en el trabajo social. En mi segundo año como
Provincial del Japón tuvieron que hacer obras en nuestra casa y tuve la oportunidad de moverme del centro de Tokio. Me fui a vivir con el director del Centro Social que tenemos en uno de los barrios marginales de la ciudad. Él vivía sólo en un pequeño apartamento y me fui a vivir con él, teniendo que ir y venir al centro todos los días durante cuatro años. Fue una gran experiencia para mí.
Los domingos, cuando estaba libre, ayudaba en la parroquia. Ahí entré en contacto con los inmigrantes y las dificultades de su día a día. Incluso pensé en abrir un centro para el cuidado de los inmigrantes, pero la diócesis de Tokio abrió un centro pastoral y nos pidieron ayuda. El nuevo provincial estaba a punto de destinarme y le dije: “Tú decides mi futuro, pero la diócesis está pidiendo ayuda en el centro para inmigrantes. Nosotros deberíamos hacer algo al respecto, pero ¿para qué abrir otro centro si la diócesis lo está haciendo ya?” El provincial estuvo de acuerdo y en aquel centro disfruté de cuatro intensos años de trabajo. Mi gran pasión en esa época fue el trabajo pastoral, acompañar a
la gente de varias maneras y por otro lado organizar el centro y planificar su trabajo pastoral.
Esta experiencia también le dio una relación más directa con la dimensión de promoción de la justicia como parte de la vida del jesuita, en gran sintonía los énfasis del Padre Arrupe.
Creo que el Padre Arrupe tuvo una maravillosa intuición: el contacto directo con la gente y el trabajo por la justicia nos puede enseñar mucho y hacer mejores religiosos. Es importante porque la gente con la que trabajamos nos da un fuerte sentido de la realidad y ahí es donde debe de ser cotejada cualquier cosa que digamos o proclamemos. En aquel centro atendíamos a todo tipo de gente, personas con fe, cualquiera que esta sea. Ésta es la realidad que nos pone a prueba, no sólo a nosotros, sino también a nuestra espiritualidad, incluso a nuestra fe.
Allí entendí por qué algunas personas sin una formación teológica o una educación formal tienen un profundo contacto con Dios. Siempre me ha impresionado esto, y yo mismo desearía tener esa familiaridad, esa facilidad para relacionarme con Dios. Ahí ha habido siempre un reto para la comunidad católica japonesa, que ve con asombro la familiaridad de los más pobres con el mundo religioso. Esto contrasta en gran medida con la tradición budista o confucionista, tendente a maneras muy formales en los espacios sagrados. La Iglesia Japonesa tiene un rostro muy serio, muy marcado por la limpieza y la pureza.
Los filipinos, sin embargo, van a la iglesia como si ésta fuera una extensión de sus hogares. Allá se sienten totalmente en casa, hablan unos con otros y se sienten felices estando delante de Dios. Cantan, bailan, y los niños juegan y corren alrededor. Esto resulta chocante para muchos japoneses, pero empiezan a intuir la fuerza de esta experiencia de Dios en la que la Iglesia es fuente de gozo y esperanza para personas que están teniendo grandes dificultades. Esto abre los ojos, y no sólo a los japoneses. Yo me pregunto muchas veces “¿Dónde encontramos nuestros gozos?” creo que a veces tenemos gozos muy caros, mientras la vida nos muestra como esta gente encuentra gozos sencillos que realmente llenan de esperanza. Esta realidad siempre confronta y es de gran ayuda para la vida espiritual, pues la hace más realista, concreta, con los pies en la tierra, y muy centrada en las relaciones personales.
Eso nos lleva a la pregunta sobre su nueva vida como Superior General de la Compañía de Jesús. Tras la elección ha aparecido con fuerza la inquietud sobre su edad. ¿Cuáles cree que son las ventajas y desventajas de tomar la responsabilidad de liderar a la Compañía en este momento de su vida?
Durante el período de discernimiento (murmuratio), cuando los electores estaban conversando entre sí sobre la persona más apta para ser nuestro próximo General, comencé a preocuparme seriamente cuando, hacia el tercer día, eran muchos los que me preguntaban sobre mi salud. Nunca antes había tenido tantos jesuitas preocupados por mi salud. Por supuesto, la pregunta tenía que ver con la edad. Estaban preocupados.
Ahora, ¿cuáles son las ventajas y desventajas? Las desventajas son claras: con la edad viene también menos energía. Por ejemplo, aunque ahora todavía me siento bastante cómodo para viajar, no sé cuanto viaje seré capaz de hacer en los próximos años. Ésta es una desventaja. También, naturalmente- y no quiero engañarme a mí mismo – mi capacidad de ser imaginativo y creativo probablemente no será tan fresca como la de los jóvenes. Éstas son desventajas obvias.
Pero hay ventajas. Primero uno tiene más experiencia, es más realista, menos utópico, y sabe un poco más lo que puede esperar y lo que no. Yo seguiré esperando muchas cosas de los jesuitas, pero a mi edad uno ya es más consciente de la debilidad humana. Puedes saber cuándo no exigir demasiado, o no esperar demasiado de modo que no te desilusiones tan a menudo. Puedes ver esto como ventajas.
Luego también, uno sabe un poco más cómo manejar las cosas; no es un asunto de exigir o no, se trata de facilitar la comunicación y permitir que las personas sean más concientes de los problemas, de las necesidades, del por qué de las exigencias. Por ejemplo, todo lo que está ocurriendo sobre la ecología, no se resuelve exigiendo, sin conciencia nada es posible. Hacer las cosas sólo por deber, porque somos cristianos, o porque somos religiosos, no nos lleva muy lejos. Pero si tomamos conciencia de las nuevas dimensiones de nuestro mundo, entonces nos involucraremos. En este sentido, una edad avanzada puede ayudar a reconocer que éste es el camino. Pero veremos: depende también de cómo mi salud y mi nivel de energía avancen. ¡La Congregación está arriesgándose conmigo!
